¿Padres guardianes?

Escrito por Web Master el . Publicado en Adolescentes

2013-02-08 - Padres guardianesLa actual queja sobre la manera de divertirse, la violencia asociada y las agresiones de que son objeto los jóvenes es un llamado de atención a los padres y madres. Útil, necesario.

Describamos: las fiestas tienen que ser en la penumbra o en la oscuridad; tienen que empezar muy tarde; tienen que terminar de madrugada; tienen que tener mucho alcohol y a veces droga; tienen que ser públicas en el sentido de que todos se pasan la voz de donde hay fiesta o carrete esa noche y no hay control de invitados, y cada vez se hacen más en lugares públicos que en casas particulares.

Si los jóvenes se juntan a medianoche, ya se han reunido antes en pequeños grupos o en pareja. Ya han comenzado a beber alcohol. Comen poco, es frecuente que derechamente no coman. Ya están entonados cuando llegan a la fiesta. Apenas saben beber los adultos con prudencia, los jóvenes no lo saben, no tienen por qué saberlo, están aprendiendo. Enfrentar grupos es más fácil con alcohol. Las fiestas son más entretenidas con alcohol. Todos casi sin excepción, beben más de la cuenta. Los padres están ausentes, ya sea porque no resisten la música y los horarios de los hijos, ya sea porque la fiesta es en otra parte y no en el hogar familiar, ya sea porque estando en la casa tiene petición expresa de los hijos de no aparecerse porque sería ridículo, mal visto, absurdo.

Los padres, esclavos de la sociabilidad de los hijos, aceptan o se resignan. Una mamá le dice a otra, que recién se inicia en las fiestas adolescentes: "Esconde ceniceros y adornos; se roban todo". Otra agrega: "Vigila la entrada; a veces traen trago a escondidas". ¿Madres guardianas, gendarmes, carabineras? Igual, los invitados burlan la vigilancia. El jardín amanece con botellas entre los arbustos.

Estamos hablando de nuestros hijos y sus amigos, no de delincuentes. Estamos hablando de nuestros hogares, no de la cárcel pública ni de un recinto policial. Esos mismos padres piden luego a gritos que el Estado aumente la seguridad, la misma que ellos no pueden mantener en sus casas. ¿Qué pasó con la autoridad paterna? No hablo de autoritarismo de los viejos patriarcas, que poco y nada sabían de sus hijos, cuya sola presencia obligaba a la familia entera a comportarse. Hablo de la autoridad de padres cercanos.

¿De qué tienen miedo? ¿Será tan débil el amor y la confianza en los hijos que se requiere negar que aquí lo que falta es presencia y control? La adolescencia y los primeros años de la juventud son una incursión en el mundo, es la época de probar límites, de la curiosidad infinita y de la duda permanente, es una época en que todos quieren ser iguales y jamás distintos porque todo da vergüenza.

Es una época maravillosa y llena de los normales peligros de ponerse a prueba y fallar o excederse. Es una tiempo para dejar de ser amigo de los padres y lograr identidad propia, de grandes y pequeñas mentiras, de amor y lealtad al grupo de iguales, de aprendizajes más colectivos que familiares. Por eso, los papás y mamás se preparan con miedo y cansancio para un período que es, por decirlo suave, un período agotador, inestable. Los hijos son grandes compañeros deportivos a las doce del día y enemigos acérrimos a las ocho de la noche.

Todo es errático e impredecible. Hay que aguantar, no más. Y poner límites. Es la época de mayor necesidad de límites. Porque ellos están probándose en su diferencia con los padres, requieren oposición. Como toda democracia sana.

 

(Por: Paula Serrano, Psicóloga)

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