La familia ya no come unida

Escrito por Web Master el . Publicado en Familia

2013-02-08 - La familia ya no come unidaLa comida familiar es una tradición que ha caído en desuso. Cada vez más personas comen en solitario, menús fuera de lo acostumbrado, en horas diversas y no siempre sentados a la mesa. Los horarios laborales y educativos y las actividades de ocio en días festivos o el hecho de que las familias son cada vez más reducidas cambian nuestros hábitos alimentarios y surge una nueva manera de comer que no es más sana, a pesar de que al mismo tiempo aumenta la preocupación por la salud. Así lo evidencia el estudio "La alimentación y sus circunstancias", encargado por el Foro Internacional de la Alimentación, la sesión teórica de la feria Alimentaria, que se celebrará en marzo en Barcelona.

El estudio ha sido dirigido por Jesús Contreras, antropólogo de la Universitat de Barcelona, se presentará en la feria y se basa en un seguimiento durante días de los hábitos de alimentación de 300 familias españolas (912 personas en total). El informe constató que sólo un 11,7% de las comidas se hacen fuera del hogar. En los últimos años, esta tendencia no ha aumentado, sino que incluso se vuelve a comer más en casa. Los españoles hacen una media de 80 comidas al año fuera de casa frente a 155 de los franceses, indicó Contreras. Pero, incluso comiendo en casa, los hábitos han cambiado respecto a años atrás.

El estudio detectó una disparidad de horarios de alimentación dentro de la familia, por lo que cada vez se come más en solitario y raramente se sienta la familia junta a la mesa. Y cuando es posible reunirse, cada vez hay menos formalidades: un 10,6% de las cenas se hacen en el sofá y un 0,5%, en la habitación.

Esto se relaciona con que se come menos en cada ingesta y más entre horas. Los españoles comemos un promedio de 4,19 veces al día frente a 5,4 los franceses o ¡17! los estadounidenses. Contreras asegura, no obstante, que no se tiende al modelo americano. Un 38% de los españoles desayuna, almuerza y cena y un 38,5% toma, además, algo a media mañana o media tarde. Pero hay un cambio en esas comidas principales. El almuerzo del mediodía se mantiene como la más importante, aunque los tres platos tradicionales (dos y postre) se reducen a dos sin postre, plato único, aperitivo y plato o plato fuerte y postre el domingo... La cena es lo que más varía. El estudio para Alimentaria ha detectado hasta 200 posibilidades: verdura (o sopa) y pescado, verdura y fiambres, ensalada, fruta y yogur, bocadillo... Todas coinciden en una simplificación de la preparación y una reducción del volumen de comida.

Fuera de casa, vuelve la fiambrera. Un número creciente de personas come en su lugar de trabajo (ni siquiera en el comedor de empresa). Se lleva comida de casa o la compra y suelen ser sobre todo mujeres jóvenes –muchas, porque siguen dieta y así comen lo que deben– y hombres que dicen que no tienen tiempo para comer en el restaurante. También hay un 2,1% de comidas del mediodía que se hacen en la calle o en jardines.

Estos hábitos no favorecen la alimentación sana. "Hemos comprobado una gran diferencia entre lo que la gente piensa y hace –explica el antropólogo Jesús Contreras–. En los últimos años ha ido en aumento la preocupación por la relación entre salud y alimentación y la mayoría de las personas sabe cuál es la dieta sana (con abundancia de verduras, fruta y pescado y moderado consumo de carne, por ejemplo). Hubiera sido de esperar, pues, un mayor consumo de los alimentos más saludables, pero no es así."

Contreras justifica esta contradicción, según él aparente, pues en el fondo nuestra alimentación obedece a una lógica: "En la alimentación –dice– intervienen varios factores y la salud es, en realidad, sólo uno de ellos, como el placer, la conveniencia o la disponibilidad económica. La conveniencia, lo más cómodo para los horarios, la actividad o la forma de vida de cada uno es lo que acaba condicionando los hábitos alimentarios".

Las familias estudiadas por Alimentaria aseguran que de lunes a viernes dan mayor importancia a la salud en la alimentación (se vigila más los alimentos, que sean saludables) y el fin de semana, se permiten comer por placer, más caprichos. Pero en la práctica, Contreras subraya que en los siete días de la semana manda más la adecuación de las comidas al ritmo de vida de la familia.

El tiempo es el mayor condicionante. Las mujeres tienen menos tiempo para cocinar –en Francia se ha reducido ese tiempo en tres horas semanales en las últimas décadas– porque trabajan fuera de casa. Se considera incluso más agobio que cocinar el planificar menús correctos, que se adapten a los gustos de todas las familias, al hecho de que los comerán a horas diversas... En los días libres, tampoco se tiene ganas de cocinar. Menos tiempo dedicado a la cocina supone, por ejemplo, cocinar menos verduras, que requieren su periodo de cocción. Los horarios laborales y educativos regulan además las horas de las comidas y dificultan la coincidencia de los integrantes de una familia. En los días libres, tampoco hay coincidencia pues se da prioridad a otras actividades, aunque se come más en familia que en los días laborables. También influyen en los cambios que más personas vivan solas o las familias sean más reducidas, pues lleva a cocinar menos.

En esta forma de vida encajan los alimentos preparados y los enriquecidos, funcionales, etcétera para completar la dieta no suficientemente saludable. Pero, a la vez, se abren camino los alimentos que recuperan el concepto de artesanal y en las mismas familias recuperan platos elaborados como caldo, cocido, lentejas... Obedece, sobre todo, a que se guisan por placer el fin de semana o a que cuando se cocina, para aprovechar el esfuerzo, se hace en abundancia, se congelan raciones y luego se toman otros días tras calentarlas en el microondas, explica el antropólogo.

Pese a estos hábitos, el 82,35% de personas dice que está satisfecha con su alimentación. Sólo el 11,3% no lo está y el resto cree que es regular y quiere mejorarla. Contreras señalaba ayer que no se puede decir que nuestra alimentación sea mala, aunque tampoco es una dieta sana y equilibrada. Señaló que muchas personas incluso dan por hecho que comen sano –y no es así– porque España es un país mediterráneo y se supone que aquí se sigue una dieta mediterránea.

 

(La Vanguardia, España)

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